Por Luis VILLEGAS MONTES./ 31/01/11

No vaya usted a creer que, por el título de estas líneas, amanecí como el hijo desobediente: “Como queriendo pelear” o “más bravo que un león”. En lo absoluto. Ocurre que, como a veces me lo temo y sin serlo, tengo pluma de profeta (metafóricamente hablando, claro). Si no me cree, léame en una colaboración previa, donde escribí: “Por si usted no lo sabe o no ha reparado en el hecho que le cuento, este año se elije al Presidente de la República”.  Ahí también explicaba los porqués, los cuales por obvias razones omito repetir aquí. Lo rescatable de tan temeraria afirmación es que ya empezamos.
En efecto, el martes pasado, el candidato del PAN a Gobernador en el Estado de Guerrero, Marcos Efrén Parra Gómez, declinó a favor del candidato de la Coalición “Guerrero nos Une” (integrada por el PRD, PT y Convergencia), Ángel Heladio Aguirre.  Esa acción no puede, de ninguna manera, ser considerada como un acontecimiento aislado ni desvincularse del panorama electoral nacional. En el contexto actual, Guerrero está íntimamente ligado a Baja California; los dos lo están, de modo inextricable, al proceso electoral en Edomex; y los tres, querrámoslo o no, constituyen la antesala del 2012. ¡Gulp!
Guerrero no es sólo Guerrero, si el porcentaje de Baja California Sur, del listado nominal nacional (LN), es insignificante (apenas un 0.50%); Guerrero representa un nada desdeñable 2.98 por ciento que, sumados al porcentaje del Estado de México (que cuenta con un total del 10 millones 20 mil 332 electores -12.93% del LN-), arroja un total de 16.41 por ciento de dicho listado.  Si consideramos que los otros dos semilleros de votos (Veracruz -6.72%- y Oaxaca -3.22%-) están divididos a raíz de los resultados del año próximo pasado, los de este 2011 constituyen procesos vitales para todos los interesados.
Por otro lado, el mensaje de Acción Nacional de estar dispuesto a declinar a favor del candidato del Partido de la Revolución Democrática es contundente y sienta un precedente por lo que se pueda ofrecer el día de mañana. Cierto, el hecho de estar instalado en un incómodo tercer lugar parecía no dejarle otra opción a su abanderado; sin embargo, no es la primera vez que está en juego el todo por el todo y cada partido termina a su aire perdiendo cada cual por su cuenta. Ahí están Veracruz y Durango, por ejemplo, que no me dejan mentir y en donde de haber prosperado las alianzas de oposición en 2010, el Revolucionario Institucional habría perdido sin remedio ambas gubernaturas y, como cascada de dominó, los principales ayuntamientos.
Como sea, tratándose de Guerrero, el hecho ahí está y es irrevocable; falta investigar si esa acción rinde los frutos esperados o resulta -perdónenme mis gentiles lectores y lectoras esta metáfora extraída directamente del cuento de Blanca Nieves- una manzana envenenada. Efectivamente, en una alianza de facto se corre el riesgo de que los electores blanquiazules se desconcierten y no salgan a votar -en el mejor de los casos- o decidan votar por la fórmula contraria -en el peor-. Quiero pensar que, como el Chapulín Colorado, todos tienen todo fríamente calculado.
Sin embargo, según diversas encuestas, en el Estado de Guerrero, la moneda está en el aire; en su columna, bajo el título “Vísperas guerrerenses”, Granados Chapa escribió: “La mayor parte de las encuestas dan ventaja a Aguirre. La publicada anteayer lunes en El Universal, levantada en vivienda entre el 20 y el 23 de enero registra siete puntos de diferencia en su favor. […] el PRI hizo publicar al día siguiente, en el mismo diario, otro ejercicio […] bajo un encabezado contundente: ‘Manuel Añorve ganará elección a gobernador’, con los mismos siete puntos de diferencia. Se trata de una maniobra semejante a la que llevó al PRI a trucar los resultados de otra encuesta de María de las Heras, que muestra un empate a 39 por ciento de preferencias, como si fuera favorable a Añorve”.
Esa circunstancia, así como la famosa y sugerente llamada de la Senadora Claudia Corichi al candidato de la Alianza “Guerrero nos Une” (que más parecía una equívoca invitación a ir a pecar en cosas del corazón o de la carne y no derivadas de la “grilla”),  sienta las bases para una duda fundada: Los contendientes se van a dar hasta por debajo de la lengua.
¿Quién ganará? No lo sé. Pero, si me pregunta, creo que el año va a empezar mal para la democracia y para el PRI; con 5 puntos y con el auxilio del lado oscuro del fuerza, Ángel Aguirre se alzará como triunfador indiscutible frente a un Manuel Añorve que, a su vez, hará cuanto esté en su mano (o en sus bolsillos) para ganar; a diferencia de Oaxaca, la trifulca terminará en los tribunales; y usted y yo querido lector, afable lectora, cerrando los ojos les miraremos pasar.
La única certeza posible en ese río revuelto de aguas turbulentas y pasiones desatadas es que, gane quien gane en el encuentro, el que saldrá triunfador a la postre será el Partido Revolucionario Institucional pues Ángel Aguirre, así tan combativo y hablador como usted lo ve en la tele, era hasta hace no mucho Senador por ese instituto político.
Espérese tantito y usted lo va a ver; el próximo domingo, aquello va a parecer un herradero; mancebos más, mancebos menos, se van a encontrar dos grupos peleados a muerte -como que hasta hace muy poquito eran hermanos- “echando mano a sus fierros… como queriendo pelear”.
Luis Villegas Montes.
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