Por Víctor QUINTANA/Apenas a ochenta y cuatro días de haber asumido el poder, el gobierno que encabeza César Duarte acaba de dar una lamentable muestra de intolerancia, insensibilidad, autoritarismo y torpeza política. El martes 28 por la tarde mandó retirar las velas que la ciudadanía había estado colocando frente al Palacio de Gobierno desde el día siguiente del asesinato, frente a ese simbólico edificio de la defensora de los derechos humanos, Marisela Escobedo Ortiz.

Desde la madrugada del 23 de diciembre pasado empleados del gobierno retiraron aproximadamente un millar de velas y veladoras. Este hecho, lejos de desalentar a la ciudadanía, sirvió de acicate para que mujeres, hombres, niñas y niños, familias enteras de todas las condiciones sociales acudieran con más fervor a colocar sus candelas alrededor del Palacio. Pero no sólo: junto a ellas fueron colocando numerosas cartulinas y hojas con consignas en contra de la represión, en demanda de justicia, con trozos de poemas…

Tal despliegue de expresiones ciudadanas pacíficas, convertido ya en un verdadero movimiento social, lejos de ser comprendido por el Gobierno del Estado, se trató de apagar retirando las velasy apostando en su lugar a policías armados. Los mismos policías que no fueron capaces de garantizar la vida de Marisela Escobedo Ortiz.

Resulta muy preocupante que a ni siquiera cien días de iniciado su mandato, el actual Gobierno del Estado se muestre ya agotado en su discurso y en sus recursos para comprender la grave situación que padece la ciudadanía chihuahuense. Resulta muy preocupante que se ciegue a ver las razones de esta expresión ciudadana, pacífica y garantizada en nuestra Carta Magna e imponga a la de a fuerzas su punto de vista.

En los últimos meses el  estado de Chihuahua ha sido exhibido de manera lamentable ante la opinión pública nacional e internacional. Ahora cuando una gallarda y no violenta manifestación ciudadana está comenzando a revelar que en nuestro estado hay dignidad todavía, un Gobierno que parece disfrutar de la oscuridad volverá a ponernos en las primeras páginas por el terror que le tiene, no a las balas, ni a las granadas, sino a la llama serena de la voz ciudadana.

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