Por Javier CORRAL JURADO./27 de Septiembre./

Invitado especial en la sesión del Consejo Nacional del PAN, el Presidente de la República Felipe Calderón realizó un duro análisis crítico de la situación del partido, lanzó advertencias y propuestas que bien vale la pena reflexionar, e incluso, reaccionar ante algunas de ellas. En la visión del partido democrático que somos, único con un proceso real de competencia interna por la candidatura presidencial, el ejercicio planteado por Calderón debe ser bien recibido, pero es obligado que el Partido asuma también una posición orientadora del último tramo del gobierno, y haga valer su voz, frente a decisiones y manejos del equipo gobernante que cuestan mucho no sólo a la estrategia, sino a la unidad, prestigio e imagen de nuestra institución.

Al reconocer que el PAN ha tenido un desgaste en su tránsito de la oposición al poder, Calderón apuntó seis tareas en las que se debía enfocar el esfuerzo del Partido: una renovación ética en su integración, en su comportamiento y en su imagen ante la sociedad; salir al encuentro de la ciudadanía, construir hacia ella puentes firmes y fortalecer los lazos de comunicación, confianza y cercanía con la sociedad, abrir las puertas de la militancia a los jóvenes; franquear las opciones políticas y particularmente las candidaturas a puestos de elección popular a los ciudadanos, especialmente aquellas que aún no comienzan a definirse, en particular las candidaturas a gubernaturas, a senadurías, a diputaciones federales y locales y a presidencias municipales a disputarse el próximo año; dejar bien claro ante los electores qué es lo que está en juego en esta contienda electoral; reivindicar simpatías en los sectores que hoy lo respaldan, o que lo han respaldado en el pasado: los jóvenes, las mujeres, los emprendedores, la clase media, los grupos y los sectores de la sociedad, que sustentan y defienden nuestras propias ideas y nuestros propios valores; y realizar un proceso de selección de candidato, atractivo para los ciudadanos y, sobre todo, que no genere divisiones, ni exacerbe los resentimientos.

Coincido con los seis planteamientos, aunque no en la manera en que el Presidente los fue desarrollando en su discurso, pues en algunos de ellos, contribuyen más al deterioro de la imagen del partido, algunas políticas y funcionarios de su gobierno que los dirigentes del partido. Pero por otro lado, no hay asomo de autocrítica en el discurso del Presidente, la autocomplacencia es demasiada y la clase de ética bien podría repetírsele a su círculo más cercano. De hecho las seis tareas que Calderón recomienda al PAN, tienen un campo de aplicación en su esfera. Me parece que el Presidente debiera ser más franco y riguroso para verse a sí mismo.

El PRI se ha recuperado ante la mirada atónita de muchos demócratas del mundo, no sólo porque a Acción Nacional se le aflojaron sus resortes éticos y morales, sino porque desde el gobierno, primero Fox y luego Calderón, se abandonó la idea central del cambio político: el desmantelamiento del régimen autoritario, y por ello terminó aceitándose esa maquinaria clientelar y corporativa con acuerdos que intercambiaron migajas de reformas por posiciones, concesiones e impunidades inadmisibles.

Los poderes fácticos, principalmente el de la Televisión, ha conseguido bajo los gobiernos del PAN acrecentar sus privilegios y expandir sus negocios. ¿De qué le ha servido, ya no digamos al partido o al pluralismo político, sino al mismo gobierno tantos favores a Televisa? Si ésta se ha dedicado a ser la productora y promotora de la candidatura de Enrique Peña Nieto. ¿No le quedó claro al Presidente de la República que por más descuentos, exenciones y digitalización gratuita, la televisora se ha convertido en el principal puntal del regreso del PRI? El teledestape de Peña es su más cínica demostración.

Otro de los temas esenciales en los que el partido debe hacer valer su impronta, es con relación a la estrategia para el combate al crimen organizado. Nadie plantea que esa lucha deba ser cancelada, pero el empeño por una estrategia de control territorial basado en la fuerza militar y en aumentar las medidas penales por supuesto que debe ser revisada y el partido hacer un balance de logros, errores y asignaturas pendientes. Varios de los parámetros que podrían definir el éxito de esa lucha, presentan resultados negativos. En la campaña electoral del 2012 el partido debe procurar reformular ese planteamiento, sin declinar en la lucha por la seguridad pública.

La elección del candidato presidencial del Partido también abarca al gobierno y particularmente al Presidente; la capacidad de influencia, seducción o presión que se puede ejercer sobre funcionarios federales es determinante. Más allá de las palabras se requieren hechos para acreditar la neutralidad de esas estructuras burocráticas, lo contrario envenenará el ambiente y provocará tensión. Aunque el Presidente Calderón ha dicho que con los tres aspirantes presidenciales del PAN lleva “una relación seria, respetuosa y de genuina y sincera amistad”, – lo que en el caso de Santiago Creel es absolutamente inverosímil-, en realidad no se necesita tanto, sólo enviar el mensaje de imparcialidad y respeto no sólo al funcionariado panista, sino al conjunto de medios, actores políticos y sociales a los que con mucha frecuencia se les transmite otra idea, no en pocos casos, a nombre del Presidente de la República.

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