Por Luis Villegas Montes./

La nota dice así: “Asume mujer de 20 años la seguridad pública en municipio de Chihuahua. […) Marisol Valles García, una mujer de 20 años, quedó al frente de la Dirección de Seguridad Pública Municipal de Guadalupe Distrito Bravo, uno de los municipios más violentos de Chihuahua. […] El nombramiento se dio la semana pasada y hoy asumió el cargo como titular de la dependencia, cuando las nuevas autoridades de Guadalupe Distrito Bravo y Práxedis G. Guerrero empiezan a designar los mandos en el Valle de Juárez, donde en este año han ejecutado a tres presidentes seccionales”.

No voy a hacer un recuento de las veces que he dicho, y escrito, lo que opino de las mujeres; transcribo como ejemplo específico este párrafo: “¿A poco no es maravilloso encontrar alguien que comparte con uno la creencia imbatible -conste que lo escribo sin coacción alguna y sin tener puestas las esperanzas en ningún tipo de recompensa ni cercana ni lejana- de que, en términos generales, las mujeres son mejores que los hombres en lo bueno… y en lo malo? Dice María Amparo Casar: ‘Pasarían muchos años antes de descubrir ‘que podemos ser mejores amigas pero también mejores enemigas; más generosas y más mezquinas; más sensibles y más resistentes al dolor; más diligentes y más dispuestas al placer; más afectivas y más impasibles’”.

¡Cuánta razón le asiste a María Amparo Casar al escribir ese párrafo! Aquí está la prueba de carne y hueso de  una mujer más generosa, sensible, resistente al dolor, diligente, dispuesta e impasible, que muchos hombres. En medio del miedo que nos corroe a los chihuahuenses, vivamos allá o no, viene esta dama joven a dar ejemplo de entereza, de valentía, de nobleza y de inteligencia.

Porque si suena a demencia su designación -y suena aún más su desenfado para asumir el cargo- es ese gesto de aparente locura el que la engrandece pues no teme asumir las consecuencias de sus actos ni se arredra frente a los retos por venir en un Municipio particularmente violento y postrado por el crimen organizado. No es la aceptación de esa responsabilidad, es la circunstancia, el contexto y el modo de encararlos, lo que hace a la situación única y a la mujer excepcional.

Aquí un paréntesis obligado: No pueden leerse los párrafos anteriores como una apología indiscriminada a favor de la mujer para el desempeño de cargos públicos por el solo hecho de su sexo. Ejemplo manifiesto de ello es que la otrora primera abogada del Estado, la insustituible Consejera jurídica del Poder Ejecutivo, benemérita señora Procuradora, licenciada, catedrática, fiscal y no política, doña Patricia Lucila González Rodríguez, no aportó nada a la procuración de justicia en Chihuahua y la habría honrado más, como mujer, como persona, como profesionista y como funcionaria, presentar su renuncia frente a los primeros síntomas de que no podía con el cargo. Ser mujer, ser joven, ser una persona de la tercera edad -¿a quién carajos se le ocurrió que la voz “anciano” era ocasión de demérito?-, ser una persona con discapacidad o ser militante de un Partido político durante chorrocientos mil años, no son, per se, garantía absoluta de nada. He conocido, tratado y padecido, a todas esas categorías de sujetos y sujetas en el desempeño de cargos públicos y muchos de ellos no desquitan el costo del papel en que viene impreso el cheque quincenal. También he conocido, es justo decirlo, a personas extraordinarias por su dedicación, talento y vocación de servicio que son, además de servidores públicos, mujeres, jóvenes, ancianos, personas con discapacidad o militantes de toda la vida de un Partido.

¿Entonces? Entonces, estas líneas se las dedico con profundo respeto y admiración a Marisol Valles García, una joven mujer de escasos 20 años, madre de un niño, con estudios de criminología, que en medio de una situación crítica, alza la voz para decir: “Yo le entro”. Ése es el ejemplo, ésa la anécdota, ése el gesto rescatable que la hace una persona digna de reconocimiento, de felicitación y de agradecimiento, porque es maravilloso constatar que todavía existen seres humanos así, que conciben en los hechos, el quehacer público como una entrega, como una oportunidad de servicio y asumen su papel con independencia de la magnitud del reto… sin el cálculo de la oportunidad política.

Yo no sé qué pueda hacer en lo personal para auxiliarla en su labor, pero desde este espacio me declaro ferviente admirador suyo y pongo a su disposición, desde acá, no importa, los escasos conocimientos legales que pueda tener en mi haber y mi experiencia en el servicio público -y no estoy buscando chamba-, porque una persona así merece -y necesita- todo el apoyo que se le pueda brindar, desde todos los órdenes y desde todas las trincheras.

Finalmente, no puedo escribir el punto final sin antes decir que respeto la valentía de mi tocayo, José Luis Guerrero, por tener los pantalones de contender precisamente en ese Municipio, de ganar esa elección y de haber hecho esa designación. También frente a él, me quito el sombrero.

… y ya no supe qué más agregar… se me agotó la inspiración, como que lo escribí todo de golpe…

Bueno, sí, gracias a los dos por su ejemplo: Es un soplo de aire fresco en esta tolvanera. Que Dios los bendiga y premie sus esfuerzos. Aquí estamos.

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