El silencio de los migrantes.

Una historia de violación de Derechos Humanos por un gobierno, en territorio de los Estados Unidos.

Reporte Especial de LaTorreFuerte.com / Mario Héctor Silva

El Paso TEXAS.- Pasaron veinte años desde que el mexicano, de origen chihuahuense, Rubén Ortega Cazares, abandonó la prisión de Delano, una cárcel federal cerca de Bakersfield, California, después de largos nueve meses, tras ser condenado a uno de 20 años;

A los que inicialmente fue sentenciado por un tribunal, por haber bloqueado la carretera interestatal 10 de Los Angeles, donde pretendía sólo ser escuchado, para denunciar una serie de abusos, violaciones y agresiones por parte del Consulado General de México en Los Angeles.

Su historia comenzó con aquel sueño que tienen miles y millones de connacionales mexicanos -también llamados paisanos-, que alguna vez pretendieron regresar triunfantes a su patria, cargados de muchos dólares y de cariño por su tierra;

La que dejaron algún día, para ayudar y sacar de la pobreza a sus familias que siguen sobreviviendo en medio de la miseria y la podredumbre de los gobiernos corruptos que, del otro lado de la frontera, son quienes han condenado al éxodo a millones de mexicanos que se fueron a vivir el ‘american dream’.

Rubén Ortega fue de esos connacionales que triunfaron y que volvieron a su país, en el marco del nuevo gobierno del cambio en el año 2000, con el primer presidente de México de la oposición (PAN), Vicente Fox Quesada, que invitó a los mexicanos de los Estados Unidos a invertir en su patria;

Y allí dio comienzo el ‘viacrucis’ del chihuahuense, que en ese maravilloso sueño, y con la llegada de lo que creyó sería un nuevo gobierno, más justo y honesto para los mexicanos, decidió invertir poco más de un millón de dólares que había ganado trabajando en California y que llevó a Chihuahua para adquirir propiedades y para hacer negocio en la entidad fronteriza del norte de México que por aquellos tiempos gobernaba Patricio Martínez García, un político del PRI, de un partido distinto al del gobierno de Fox.

Fue en Chihuahua, donde una simple demanda laboral por parte de un conductor de un automóvil de alquiler, conocidos en México como ‘Taxi’, con el cual Ortega se había asociado para que trabajaran con unas placas que había adquirido, se convirtió en una trampa.

Funcionarios encabezados por Luis Alfonso Ramos Peña, entonces presidente del Tribunal Laboral, el Juez, Pablo Tamez Galindo, a quien le apodaban la ‘Borrega’, porque a ese hombre, según contó un abogado, “le gustaba mucho la lana (el dinero)” y el ex juez, Mario Siqueiros Escalante, lo despojaron de la casa que había adquirido en la ciudad de Chihuahua, donde alguna vez pensó que viviría con su familia.

Una amplia vivienda, con jardines y patio, en la que invirtió más de 300 mil dólares.

Se la quitó esa gente del gobierno, a cambio de una demanda laboral en el presunto juicio ilegal al que fue sometido, y que confabulados, despojaron mediante fraude laboral, no sólo a Rubén Ortega, sino a grandes corporativos de empresas de manufactura, mejor conocidas como maquiladoras, que al igual que Rubén, salieron algún día de Chihuahua.

Julián Plascencia, el abogado que asumió la defensa y acompañó en todo ese trajinar del conflicto laboral a Rubén Ortega con las autoridades de Chihuahua, contó recientemente que su cliente (Ortega), había sido el “chivo expiatorio” del coordinador de noticias del periódico La Opinion de Los Angeles, José Luis Sierra, que alertó al gobernador Martínez, y quien dio la instrucción (pitazo) para que se “cayeran varias demandas fraudulentas” en contra de las maquiladoras.

Rubén Ortega cuenta que hubo casos increíbles, como la intervención del entonces, Secretario General de Gobierno, Sergio Martínez Garza, que, en las denuncias hechas en contra de funcionarios del gobierno de Patricio, alguna vez mintió en una intervención telefónica de un programa de radio en vivo en la capital, diciendo que ya había recibido al connacional, quien allí estaba presente y de inmediato lo desmintió.

Lo más insólito, fue la petición del propio Martínez Garza, que obligado a recibir al connacional que había sido despojado y hasta amenazado de muerte para que regresara a los Estados Unidos le dijo:

“Dales a esos güeyes lo que te piden, un tipo de extorsión, y quédate en Chihuahua cabrón”, fue la recomendación del segundo hombre más importante de la estructura de gobierno de Patricio Martínez.

 

Negligencia y abuso del Consulado de Los Angeles

Fue así como Rubén Ortega, en medio de la situación de conflicto y del despojo del que había sido objeto, tuvo que salir huyendo de Chihuahua ayudado incluso por la policía de El Paso, Texas, a quien pidió la intervención;

Porque las amenazas y agresiones, las que denunció posteriormente, primero ante la Cónsul General de México en Los Angeles, Martha Irene Lara Alatorre y luego a través de su sucesor, el Cónsul General, Rubén Beltrán Guerrero, se convirtieron en la peor pesadilla.

Recuerda que, por aquellos años, en los primeros del gobierno de Fox (Vicente), su viaje de regreso de cuatro horas por la carretera que conecta a la ciudad de Chihuahua con la frontera de Estados Unidos, fue monitoreada y se hizo en conexión con la policía de El Paso.

Cruzó con algunos de sus bienes que había logrado rescatar en un tráiler mexicano, que ni siquiera fue revisado en alguno de los puntos (garitas de cruce e inspección), ni en Santa Teresa, Nuevo Mexico, ni a lo largo de la carretera interestatal 10 que lleva a Los Angeles. Ni siquiera la identificación.

Hasta esos niveles había alcanzado el tamaño de una denuncia de abuso y corrupción que jamás fue publicada, mucho menos contada. Todo eso está documentado en videos y grabaciones, y algunos materiales en poder de las autoridades de los Estados Unidos.

Había denunciado atropellos, agresiones y amenazas, y la misma corrupción de los tribunales, de las que había sido objeto en Chihuahua, con la ayuda del finado periodista de La Opinión de Los Angeles, que después de una investigación de un año y ocho meses, conocieron la escalada de fraudes y del dinero que los funcionarios obtenían de manera ilegal en contra de corporativos de la industria maquiladora.

El modus operandi era simple y descarado.

El entonces Juez Pablo Tamez, validó ilegalmente una demanda laboral por cinco años, entre el demandante, un asociado al taxi, que trabajaba un auto de alquiler, y que ni siquiera podía considerarse “empleado”, aun cuando se le demostró por aquellos años al  Juez, con testigos y documentos de la Secretaria de Transporte, que no era el dueño de la concesión de esas placas que le permitieron la operación, entre algunas de las actividades y negocios que pretendió el connacional que había decidido invertir en Chihuahua.

Después de buscar asesoría y la ayuda exterior para enfrentar el proceso irregular y corrupto en Chihuahua, se enteró que el presidente del Tribunal Laboral les pedía a los abogados y jueces ‘amigos’, entre ellos Pablo Tamez y Mario Siqueiros, una cuota de 75 mil pesos por cada fraude laboral, sin considerar otros casos de mayor envergadura con corporativos de la maquila, el connacional decidió a pedir el apoyo de los funcionarios federales asignados al Consulado General de México en Los Ángeles.

Y su despertar fue tan crudo.

Lejos de recibir asistencia consular, de la que hoy en día se han quejado muchos connacionales por los abusos, negligencia y arbitrariedades de los 50 Consulados en las tierras del Tío Sam -el último, el del Cónsul de Nueva York, Jorge Islas-, denunciado por una periodista en una de las conferencias mañaneras del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador.

Rubén Ortega recibió el peor de los tratos por parte de la Cónsul General, Martha Irene Lara Alatorre y el entonces Cónsul de Protección, Fernando Tiscareño Luján, denunciado ante la policía de Huntington Park (reporte 02-10883) del 14 de diciembre de 2002, quien incluso, agredió y vandalizó la propiedad del connacional mexicano, quien irónicamente, había pedido el apoyo de su Consulado.

El oficio del expediente número 73-27/.760.05/2004, de la investigación fue recibida también por el Cónsul General Rubén Beltrán Guerrero el 16 de agosto de 2004, quien relevo a Martha Lara en la titularidad del Consulado mexicano en Los Angeles, California.

Su denuncia quedó archivada en los cajones de los funcionarios consulares, y su caso fue vuelto a sacar a la luz pública, porque Rubén Ortega, cree en la justicia del presidente de México, en el gobierno de la cuarta transformación.

En 2020, había apostado que su denuncia de abuso y de violación a los derechos humanos, llegaría al gobierno del presidente, a través del Consulado General de México en El Paso, Texas;

En donde Rubén tuvo que venir a vivir,  para dedicarse al negocio de la venta de automóviles -de esos usados de segunda mano, que en las calles de la Alameda y Montana-, venden decenas de hombres que se dedican a comprar autos en el interior de los Estados Unidos, para luego venderlos en la frontera del sur del estado de Texas.

 

Gobernadores, testigos

Juan Carlos Romero Hicks, ex gobernador de Guanajuato y José Murat Casab, entonces gobernador de Oaxaca, y sus esposas, fueron testigos de la afrenta y las humillaciones sufridas por el connacional Rubén Ortega, que, durante una reunión de gobernadores de enero de 2004, con representantes del Instituto para los Mexicanos en el Exterior (IME) y del Consejo de Clubes Mexicanos, fue impedido a ingresar para participar y hacer públicos los atropellos.

Esos dos gobernadores, el primero panista y el segundo, priísta, intercedieron ese día en favor de Rubén Ortega, para que se le dejara ingresar a la sala de la reunión de gobernadores, pero el entonces Cónsul de Protección, Fernando Tiscareño Luján, se opuso rotundamente y les hizo saber a los invitados gobernadores, que era instrucción de la Cónsul General de México, Martha Lara Alatorre, impedir el ingreso al connacional que en aquella reunión buscó alzar la voz.

En corto, y literalmente, aprisionándolo contra su voluntad, el funcionario de ‘Protección’ le dijo: ”Ya vete de aquí pinchi estúpido, no sabes con quien te metiste, Martha Lara tiene mucho poder, por eso te bloqueó a los medios y ya habló con el presidente Vicente Fox para que te ignoren”.

A esa reunión de gobernadores mexicanos, donde se analizarían temas que históricamente han preocupado a los gobiernos y a los connacionales en Estados Unidos, asistieron además de Romero Hicks y Murat, los también gobernadores de Michoacán, Lázaro Cárdenas; Francisco Ramírez Acuña de Jalisco; René Juárez Cisneros de Guerrero y Ernesto Elorduy Walter del estado vecino de Baja California.

Allí analizaron, según las crónicas periodísticas y los medios masivos de Televisión y Radio de habla hispana y hasta gringos, las propuestas del expresidente de los Estados Unidos, George W. Bush sobre trabajadores huéspedes, el derecho del voto en el extranjero, la cobertura de seguro médico para familias de inmigrantes y protección de los servicios sociales para todos los que emigraban a ese país.

Ni un sólo párrafo, ni una sola palabra de la denuncia del solitario mexicano, que había sido abusado por las autoridades de su país (México) en el extranjero.

“Nunca antes había visto que tantos gobernadores se reunieran en el extranjero y se interesaran en los problemas que enfrentamos los mexicanos que vivimos en este lado de la frontera”, dijo Guadalupe Gómez de Lara, presidente de la Federación de Clubes zacatecanos, consignó el 20 de enero de aquel año (2004), el periódico de La Opinión.

Muchos periodistas de medios hispanos en Los Angeles, que por igual fueron testigos de los agravios a los derechos humanos de Rubén Ortega, fueron amenazados e intimidados por sus jefes, según lo cuenta, y los tiene en grabaciones Ortega, y nadie entonces publicó nada.

Acusaron a la ex Cónsul General, Martha Lara, de intervenir con altos mandos y propietarios de los medios de comunicación en los que laboraban. Fueron amordazados.

 

Sólo diez segundos: SWAT

Se quiso morir de coraje de nueva cuenta Rubén Ortega, porque la primera vez fue hace 20 años (2001) cuando queriendo alzar su voz y ser escuchado, decidió bloquear el freeway de Los Angeles.

Con una pistola que tenía 16 balas, llamó a la policía y amenazó con suicidarse, si no eran atendidas sus demandas sobre la corrupción en México.

En los siguientes minutos llegó el equipo especial del SWAT, y le dijeron que le dispararían si en los siguientes segundos -solo diez que le darían de gracia-, no desistía Rubén de su intención.

Estaba dispuesto a todo, a morir, y el desgraciado migrante mexicano, en ese momento lo había perdido todo. El recuerdo de su esposa e hijos, su familia, en fracción de segundos lo hizo reaccionar y cambiar de opinión ante los policías que estaban preparados para abrir fuego.

Fue a parar a una prisión del condado de Los Angeles, y de allí, trasladado en una gélida madrugada a otra prisión federal cerca de Bakersfield, donde no pocos policías conocieron parte de su historia.

Uno de ellos a quien le había contado sobre los actos de injusticia y de corrupción en México, le dijo a grito abierto: “!You fucking country!”…

Ortega jamás supo tampoco, hasta la fecha, los nombres o identidad de tres hombres que un día lo visitaron en la prisión para intimidarlo y hasta amenazarlo, y que dijeron iban de parte del Consulado de Los Angeles.

“Acabe en prisión por tratar, a toda costa, de denunciar a los verdaderos constructores del ‘muro’ entre Estados Unidos y México, la lacra humana que nos ha tenido oprimidos por décadas’, dijo Ortega.

El Juez gabacho lo sentenció irónicamente a 20 años de cárcel, el mismo día de su cumpleaños, el 11 de octubre, cuando ese día de 2004, Rubén fue a la Corte para entregarse.  Creyó que el Juez le permitiría celebrar ese día, tan solo unos cuantos minutos al lado de su familia, después de entregarse. No fue así.

Un abogado y otra carretada de dinero, permitieron bajarle la condena de 20, a solo un año de cárcel .

Ese acto considerado agravante y de felonía, le costó mucho dinero al connacional mexicano que había creído en el presidente del ‘cambio’ Vicente Fox y que había decidido invertir en Chihuahua, donde fue despojado de su fortuna y su propia vivienda y las casas que tuvo que vender, así como otras propiedades adquiridas, para enfrentar el ‘monstruo’ de la corrupción de los gobiernos mexicanos.

Muchos periodistas de medios hispanos en Los Angeles, igual fueron testigos de los agravios a los derechos humanos de Rubén Ortega, pero nadie entonces publicó nada.

Marcelo Ebrard, es presidenciable

Sin ‘querer queriendo’ -esa frase acuñada en el vocabulario, por la gente en México-, le sirvió al chihuahuense que fue despojado de su dinero en México, y mal tratado y humillado en abierta flagrancia por las autoridades consulares de Los Angeles, para demandar 20 años después, que se haga justicia en el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador.

Rubén confesó que, si el presidente había intentado ser presidente en 2006, luego en 2012 y otra vez en 2018, cuando finalmente llegó a la presidencia de México, cree que igualmente su denuncia de abuso y violación a los derechos humanos, en el mismo paralelismo, puede encontrar eco en la ayuda de un hombre que aspira gobernar la nación.

Su nombre: Marcelo Ebrard Casaubón, Secretario de Relaciones Exteriores, que es ‘presidenciable’.

Un canciller, al que los problemas y denuncias de abusos y mal trato en los Consulados de México en los Estados Unidos, le están surgiendo por todas partes.

Rubén Ortega ya documentó su propia historia en la ‘4T’, luego del desdén y la negligencia por parte del Cónsul General de México en El Paso, Texas.

Mauricio Ibarra Ponce de León, a quien en enero de 2020 buscó con la misma esperanza de muchos años: ser simplemente escuchado, y que se diera tramite a su denuncia para que llegara hasta mero arriba, de ser posible a las ‘mañaneras’ del presidente de México, en quien el obstinado paisano tiene fe ciega, de que algún día, se le hará justicia.

Ortega no fue escuchado.

El Cónsul Mauricio Ibarra lo citó una vez, por aquella fecha, a las 20:30 horas, en horario no oficial del Consulado General de México en El Paso, localizado sobre la calle San Antonio del centro de la ciudad.

Ni una palabra, ni una disculpa y mucho menos una explicación sobre ese extraño horario para un asunto legal y de competencia de la oficina consular, al que por supuesto el afectado no acudió y exigió una explicación.

Su caso también llegó hace unas semanas del mes de julio de este año (2021), a manos de la Senadora por Chihuahua, Bertha Caraveo Camarena, quien es la presidenta de la Comisión de Asuntos Fronterizos del Senado, donde el único y legítimo reclamo es que salga a la luz pública toda la podredumbre, infamia y corrupción de los servidores de la cancillería desde los tiempos en que el PRI y PAN gobernaron la nación.

El asunto que es de la competencia del Canciller Marcelo Ebrard, es un ejemplo emblemático de los abusos de poder desde el exterior por parte de las mismas autoridades que representan a México en el extranjero.

Rubén ha escuchado que no hay nadie “intocable” en el gobierno de la ‘4T’ y ha puesto su esperanza en las manos del presidente de la izquierda en México, Andrés Manuel López Obrador.

No es nada sencillo, pero cree que el presidente puede acabar con los ‘privilegios’ de esa casta de poder y el ‘status quo’ que mantiene desde hace muchas décadas la gente de la cancillería, que presume la defensa de los mexicanos en las diferentes representaciones consulares en el mundo.

Y en Estados Unidos, son muchos los mexicanos que, como Ortega, han sido víctimas de mal trato y desprecio, y están dispuestos a romper el silencio…

Rubén Ortega es, uno de esos “seres admirables”, al que se refirió alguna vez el presidente de México, de quienes se fueron del país, a jugarse la vida y a buscar ganarse la vida en los Estados Unidos.

 

La manipulación de la prensa

Julian Adem, actual Cónsul General de Mexico en Miliwaukee, sentenció el ‘papelazo’ de la prensa latina en Los Angeles, California, a la que describió, por aquellos años de principios de 2000, como un “pequeño pueblo controlado por el Consulado”.

Lo hizo en una posición dual, al lado de Martha Lara, Ex Cónsul General a la que sirvió, y lo hizo también al lado del connacional Rubén Ortega, a quien hizo creer en muchos momentos, que estaba de su lado para abogar por su causa. Realmente no fue así.

Julian Adem, fue sólo mediador y un hombre que intentó hacer más tersa la ríspida relación que ya tenían, los Cónsules Generales, Martha Lara y Rubén Beltrán Guerrero, así como el vocero Agustín Pradillo y el Cónsul de Protección, Fernando Tiscareño con el mexicano que por muchos años había trabajado en Los Angeles y que había sido despojado en Chihuahua.

Ortega tenía el sueño legítimo de hacer negocios, de invertir su dinero, y que perdió, tras ser despojado por fraudes en los Juzgados Laborales en Chihuahua, su tierra natal, donde lo dejaron, literalmente, ‘encuerado’.

La presión ejercida por Rubén Ortega, para hacerse escuchar por la prensa y los medios de habla hispana en territorio estadounidense, incluido el periódico de La Opinion de Los Angeles, que publicó solo parte de la historia: “Continua el viacrucis ‘legal’ de Migrante Mexicano”;

Además de las cadenas de television Univision, Telemundo, KW-KW Radio, y en México, Televisa, sirvió de nada, porque todos fueron bloqueados y ‘callados’ por la entonces poderosa Cónsul General de México en Los Angeles y posterior Cónsul General en San Antonio, Texas, que años atrás, había sido senadora de la República.

”Reporteros de TV Azteca y Televisa amenazados por intentar hacer su trabajo y sacar a la luz pública esta pesadilla, y Telemundo y Univisión, sobornados por influencias políticas…”, describió Ortega en un panfleto con el título de: ‘CORRUPCIÓN?.

En Chihuahua, el intento de difundir la historia de Rubén Ortega por parte de la periodista Mirna González, de Televisa, tuvo como costo la consigna de los contratos, y hasta de cancelar “Televisa Chihuahua”, si sacaban a la luz pública la historia y los ejes de la corrupción. Las palabras de la reportera de la filial de Televisa en Chihuahua quedaron grabadas.

En Los Angeles, otro chihuahuense, el periodista Rubén Olague, comentarista de Canal 62, fue coptado e involucrado por el vocero del Consulado General, Agustín Pradillo, para hacer escarnio del mexicano que había denunciado las atrocidades de la corrupción en Chihuahua.

”Ambos, se burlaron de mí, al afirmar en el programa que me habían invitado a debatir, y que no había asistido, lo cual no fue cierto, porque jamás me invitaron”, recuerda Ortega en torno al programa de televisión del 11 de junio de 2003.

El sucesor de Martha Lara, el Cónsul General de Los Angeles, Rubén Beltrán, recibió instrucciones precisas de amenazar al periódico ‘La Opinion’, para no seguir denunciando la violación de los derechos humanos. Y allí están las grabaciones.

La secuela de la investigación y denuncias que serían presentadas ante la sede de la CNDH en la capital del país, y el Club de Periodistas de México, fueron eventos también armados y controlados por el gobierno de México. Y todos tenían el sello de la ExCónsul, Martha Lara.

 

El caso, a tribunales internacionales

El asunto de la denuncia de atropello y de violación a los derechos humanos, ha despertado ya el interés de algunos actores sociales en los Estados Unidos, en México y en Costa Rica.

Se habla de que el caso será llevado a la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos (CIDH) en Costa Rica y en los Estados Unidos, así como a otras cortes internacionales donde México mantiene convenios y tratos en materia de derechos humanos.

Un caso que le dará un nuevo giro a un viejo caso vinculado al sexenio del expresidente panista de México, Vicente Fox, y al desdén gubernamental y de corrupción en el gobierno del priísta, Patricio Martínez García, que todos consideraban y daban por “enterrado”.

No es la de Ortega (Rubén), una historia común.

Vincula infinidad de denuncias sobre los malos tratos y violación y garantías a los derechos humanos, amen del despojo del que ha sido objeto, y que por igual, durante muchas décadas han recibido mexicanos connacionales que cruzaron a los Estados Unidos en la búsqueda del ‘American Dream’.

Rubén, es un hombre que cree ciegamente en la justicia, aunque haya que derrumbar todos los muros (los otros muros), de la arraigada corrupción en México.

(Fotografía de portada, obtenida de un reporte de CPJ sobre la libertad de prensa en los Estados Unidos)

Posdata: Esa es la historia de Rubén Ortega, que, a 20 años de distancia de los hechos ocurridos, y de las ofensas y violaciones a sus derechos, amén de los daños psicológicos, patrimoniales y familiares, desea que su historia sea conocida por todos los mexicanos. Que la historia llegue a manos de excelentes y reconocidos periodistas y hasta activistas que denuncian la corrupción.

Que llegue a Vicente Serrano, de Sin Censura, a SinEmbargo de Alejandro Páez, a Álvaro Delgado, Epigmenio Ibarra y a personajes que, como Alfredo Jalife, y youtubers en México como La Wicha, cuentan las grandes historias de corrupción de este país.

comentarios: latorrefuerte64@gmail.com

 

 

 

 

 

 

 

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