Por Sergio ARMENDARIZ./22 de Feb./

La excelente columna editorial de El Diario el día de ayer, marca con toda puntualidad un estado de ánimo social que se observa desgastado e incrédulo. Más allá de la inversión y el trabajo de las estructuras de gobierno, que sin duda pueden ponderarse con objetividad y sin irritantes como falsos triunfalismos oficiales, es un hecho que la percepción de la ciudadanía a partir de lo que efectivamente se vive en la cotidianidad es de angustia y malestar crecientes, el descrédito de la política como oficio de clase está ya de lleno en una espiral de degradación incontenible y sumamente peligrosa para la convulsa vida institucional de Ciudad Juárez.

Si el Estado fracasa en su labor fundamental de administración de la violencia legalmente combatida, entonces se frustra su misión fundamental en la lógica civilizada de las instituciones. Al pasar esto entonces nos encontramos en un estado de caos primitivo que obliga con motivos de sobrevivencia a los ciudadanos a buscar formas alternativas de confrontación a la amenaza a su máximo y elemental derecho: la vida misma. Para instaurar cualquier modelo de sociedad y gobierno, se vuelve indispensable trabajar con certeza la confianza social, es imposible asentar la convivencia humana en el descontrol producto del miedo y la inseguridad en los contactos diarios de la interrelación individual.

Mucho se habla ya de las condiciones fallidas y de excepción de una ciudad ciertamente malherida al infinito, los poderes políticos formales parecen no ser suficientemente competentes por un sinnúmero de razones, para darle cauce a una circunstancia de emergencia social que se prolonga brutalmente ante una perspectiva de intervención gubernamental siempre tarada por oportunismos de voracidad electorera. La verdad es que no coinciden de manera elemental las cifras de la oficialidad con la realidad pura y dura de un sentir clamoroso ciudadano de ausencia de efectividad en la obra de gobierno para controlar y administrar mínimamente a la violencia descarnada apabullante.

Es por eso que debe pensarse con absoluta seriedad en las nuevas funciones que puede asumir una sociedad civil organizada distinta a la tradicional, que se aglutinaba siempre en una lógica corporativa, clientelista y volcada al oportunismo electorero. En Ciudad Juárez hoy, por ejemplo, el sector trascendente y estratégico de las cámaras empresariales, debe de inmediato asumir la responsabilidad histórica de presentar un renovado liderazgo civil que no permita la burda cooptación del Estado-gobierno a través del cebo de las posiciones políticas en la estructura oficial del poder político, es decir, no esfumar sus liderazgos civiles en la búsqueda inescrupulosa de diputaciones, regidurías, senadurías, presidencias municipales o cosas por el estilo. Socialmente no se ha notado beneficio por estos abordajes electoreros desde el la institucionalidad civil al partidismo político y a la burocracia gubernamental.

Hay hoy en Ciudad Juárez una buena ventana de oportunidad en este punto de las organizaciones civiles empresariales. Casos en este momento como la AMAC, COPARMEX, potencialmente CANACO y las organizaciones aglutinadas por el Plan Estratégico de Juárez –PEJ- a través de su Pacto en movimiento, representan una muy importante posibilidad de generación de contactos y consensos para la reorientación de gestiones y recursos de toda índole en la construcción de un nuevo modelo de integración y participación social para esta compleja urbe fronteriza. Es indispensable restablecer o establecer el diálogo de propuestas entre las referidas representaciones civiles, conjuntar un movimiento o frente social de peso político adecuado para posicionar una voz civil de gran dimensión en la ciudad, además aprovechar todo el capital social, institucional e histórico que les respalda para en actitud de generosidad inteligente, articular la defensa de Juárez.

En este mismo sentido virtuoso, felicito a El Diario de Juárez por sus 35 años de sólido ejercicio periodístico y de comunicación. Sin duda que todo el esfuerzo que se realice en torno de la reconstrucción civil de Ciudad Juárez, requerirá del decidido apoyo de un medio como El Diario para informar y formar en la inteligencia colectiva de una opinión pública tradicionalmente lúcida y valiente.

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