(*) Por Roberto Abrego Salazar. /LA TELARAÑA./


Si en determinado momento los constructores del discurso para el primer Informe de Teto Murguía pensaron en la retórica como un instrumento persuasivo, hábil y eficiente para fortalecer el mensaje político, fallaron en su intento.

La retorica en su más pura esencia es un arte discursivo, cuya función procede desde la antigüedad antes de Cristo y era un recurso que se empleaba para convencer, exaltar el ánimo de los oyentes o para aplastar con palabras elegantes, fuertes y bien pensadas al opositor en cualquier tribuna. También servía para halagar con palabras melosas y bonitas a gobernantes, reyes, príncipes o a personajes más poderosos con quienes se pretendía quedar bien, por alguna razón o interés personal.

Por esta vez, los miles de asistentes al informe de Teto, en su mayoría mujeres de la tercera edad, niños y gente de las colonias atraídas por la promesa de una verbena con velada musical y comida, no quedaron convencidos con el discurso, tanto así que a mitad de la ceremonia decidieron abandonar el recinto.

Ni ellos, ni los personajes del poder económico, social, político y eclesial,  que asistieron a la ceremonia, terminaron satisfechos, emocionados ni persuadidos, si ese era el propósito.

Faltó contundencia en el lenguaje, fuerza en la palabra y una eficaz construcción del mensaje. En pocas palabras y utilizando términos coloquiales, Teto esta vez no prendió.

La producción de la ceremonia, a pesar de los intentos de los organizadores se vio muy lineal y  fría.  Empezó con tres conductoras que se limitaron a reseñar el paso del alcalde y el gobernador por entre las filas de la parte media del gimnasio, durante más de media hora, trayecto durante el cual fueron puros besos y abrazos a mujeres de las colonias y saludando a las  fuerzas territoriales del PRI.

El final acortado abruptamente, tal vez por falta de tiempo en la televisión, no aportó un resumen ni comentarios finales de las conductoras quienes así como aparecieron se esfumaron.

En cualquier otra circunstancia, en cualquier otro lugar  y momento, la ceremonia del informe bien pudo haber sido un mitin de campaña al más puro estilo del viejo PRI, partido que pretende regresar a la presidencia de la república en las próximas elecciones.

Acerca de la gestión del alcalde durante este su primer año del segundo periodo, poco se dijo, o como que no había mucho que informar. Se exaltó el trabajo policiaco con eso de la sectorización y se hizo énfasis especial a la carencia de recursos para obra.

Fue un ritual a la personalidad del alcalde, un evento hecho a la medida de cualquier aspirante político en campaña. Careció de solemnidad y esos recursos ceremoniales de un acto protocolario. Todo se limitó a un discurso inadecuado y fuera de contexto con frases trilladas y plagado de generalidades que a nadie conmovieron.

Si así fue concebido para halagar al alcalde, entonces estuvo bien. Si fue pensado y construido para cumplir con una tarea institucional para informar a la comunidad del trabajo como gobernante, creo que resultó fallido.

VIOLACIONES Y ABUSOS EN LA SECTORIZACION POLICIACA.

El denominado Programa de Sectorización de la Policía Municipal, concebido y llevado a la práctica por los agentes al mando del teniente coronel retirado del Ejército Mexicano, Julián Leyzaola en su calidad de secretario de seguridad pública del Ayuntamiento de la Heroica Ciudad Juárez, teórica y prácticamente parece bien diseñado en algunos aspectos como mayor patrullaje, mejor presencia policiaca desde su vestimenta y equipamiento, una más cercana y probablemente más rápida respuesta a los llamados de auxilio, etcétera… etcétera.

Viéndolo así parece que todo está bien llevado y por buen camino, según  el slogan ultimo difundido por el alcalde Teto Murguía.  Sin embargo ya muy en la práctica todo indica que dicho programa está siendo mal encauzado o los agentes no han entendido el propósito fundamental.

Los datos son reveladores: cantinuchas en el centro de la ciudad  operan fuera del horario permitido y aunque eso compete a Gobernación o comercio Municipal, la tarea preventiva de la policía está fallando.  La detención indebida de más de siete mil personas en lo que va del programa solo por carecer de identificación oficial, según el criterio de los agentes o por deambular en las calles, es señal de violaciones a los principios constitucionales.

Cientos de quejas de personas que han sido vejadas, humilladas con cárcel y en la mayoría de los casos con exacciones económicas por el simple hecho de caminar en las calles, saturan a diario los teléfonos de los espacios noticiosos, esto debido a que no hay alguna oficina o despacho legal a donde el ciudadano común pueda ir a presentar su denuncia.

Es cierto que muchos de ellos son vagos sin oficio, ni beneficio o son delincuentes al acecho de victimas para robarles pertenencias. Lo que no es correctamente válido es  que bajo ese perfil todo ciudadano está siendo molestado por los agentes municipales que miden a todo mundo con el mismo rasero. Mientras, el verdadero delincuente sigue por las calles robando con lujo de violencia automóviles, asaltando transeúntes, robando viviendas o en el peor de los casos asesinando con toda libertad.

Parece más bien una medida recaudatoria que disuasiva del delito.

O por lo menos así se percibe.

(*) Roberto Abrego Salazar, es periodista y forma parte de la Asociación de Periodistas de Ciudad Juárez. A partir de hoy, se integra semanalmente con su columna política Telaraña.

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