La peor crisis de inseguridad que padece México desde que se tenga memoria golpea directamente al corazón del partido del Presidente de la República.

En una semana fue ejecutado el candidato de Acción Nacional en Valle Hermoso, Tamaulipas, Mario Guajardo, y fue secuestrado el ex candidato presidencial, ex senador y ex diputado Diego Fernández de Cevallos, poniendo en evidencia que el país está a merced del crimen organizado a pesar de las promesas de campaña no sólo del PAN y de Felipe Calderón, sino de todos los partidos que hacen gobierno.

Pero al interior del blanquiazul, esta crisis alcanzó la médula. Recordará que Pablo Cuarón Fernández, influyente empresario panista que compitió por la candidatura al gobierno de Chihuahua, padeció el secuestro de un hijo días después de perder con Carlos Borruel. Y ahora se sabe que poco antes del plagio, tres de los cinco recién detenidos por este hecho fueron condenados por robo a mano armada, secuestro y posesión de armas de fuego, pero salieron de prisión sin pagar su condena (por razones que aún nadie explica) para seguir su carrera criminal.

Entre los cercanos a César Nava, presidente nacional del PAN, se dice que varios candidatos quieren “bajarse” de la elección por amenazas del narco, o porque no quieren pararse frente a la mirilla de los criminales.

El gran dilema panista es explicar cómo llegamos a esta crisis si el país lleva una década en manos de políticos de ese partido y si en algunos estados, como en Chihuahua, el PAN es gobierno desde hace ya 25 años.

La posibilidad de que Diego Fernández de Cevallos esté herido agrega presión a las investigaciones. Sin agravantes, en un “secuestro normal” se degrada la salud de los retenidos; con una herida, este proceso se acelera.

Varios cercanos al polémico abogado dicen que Diego Fernández de Cevallos siempre andaba armado. Rehuía a las escoltas, y prefería un arma en sus vehículos. Las especulaciones estorban, pero se dice que el temperamento de El Jefe Diego daba para repeler un ataque.

Las agencias locales y federales involucradas investigan de dos a cuatro hipótesis. La primera es la de un secuestro ordinario; la segunda, la de un levantón del narcotráfico; la tercera está relacionada con posibles rencillas por su profesión; la cuarta, que ayer tomó más fuerza, es que hay un grupo guerrillero detrás.

Apunte final: En medio de esta crisis, aunque usted no lo crea, Felipe Calderón se dio a la tarea de revisar personalmente la lista de los próximos consejeros nacionales del PAN. ¿Y sabe qué?, se dio tiempo para vetar. Nos cuentan que por su disposición, el diputado Javier Corral Jurado no será más consejero nacional. Increíble. Corral es el enviado de César Nava (y se entiende que también de Calderón) para la elección de Oaxaca. Y ni así se salvó. Como si el Presidente no necesitara aliados. “Como si sus enemigos afuera del partido no fueran menores, maltrata a los cercanos”, nos dice una fuente. (Columna Bajo Reserva/ El Universal)

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