Por Jaime GARCÍA CHÁVEZ./ Artículo de Opinión.

Tratándose de un bochito, ya todo mundo entiende que se le dotó de un motor en la parte trasera. La mecánica lo hizo posible, quizá rompiendo la idea milenaria de que la fuerza motriz va adelante. En política, Felipe Calderón operó contra toda razón cuando inauguró su guerra inexplicablemente y no puso los bueyes delante de su carreta, sabedor de lo obligado y necesario que esto era.

Por eso nos encontramos, a querer y no, en un callejón sin salida que es en esencia una espiral de violencia que amenaza la viabilidad misma de la nación y sus instituciones.

La realización de los Diálogos por la Seguridad pretende reubicar los bueyes de la carreta, que solo funcionarían si se les pone realmente adelante y no con maniobras cosméticas como la que hemos visto los últimos días de pasarela de actores políticos que en la mayoría de los casos toman la palabra para recriminarse. Calderón inició su guerra al inaugurar su administración y cuando toma rumbo al agotamiento de la misma abre un espacio para discutir, y deliberar con una abigarrada presencia de funcionarios que en todo caso debieran estarnos rindiendo cuentas de sus actos y no en un desfile en el que la hipocresía se apodera del escenario.

El punto de partida presidencial está equivocado. Calderón dijo: “Si alguien considera que el error del gobierno ha sido combatir la criminalidad, también es el momento oportuno para que lo diga abierta y sinceramente, y comparta con la sociedad las razones por las cuales considera que esta premisa fundacional del estado de derecho ha dejado de  tener vigencia”. Es absurda esta premisa, pretende encerrarnos en una visión maniquea de buenos y malos y además es de una ingenuidad superlativa. Quién puede pensar que un gobernador, por ejemplo, puede hablar en estos foros para decirnos a todos que no está de acuerdo con el estado de derecho y que a  los criminales se les debe mantener intocados, libres de todo cargo o persecución. Creo que ni el Chapo Guzmán, puesto de orador oficial en alguna aquelarre de los capos de la droga hablaría  con el candor que reclama Calderón que lo  hagan los comparecientes al foro tardío e inútil.

Sin embargo  se han escuchado voces que más que tender a resolver el problema de la violencia criminal, trazan un deslinde con lo que se hace desde la presidencia. Es el caso de las declaraciones del ministro Guillermo Ortiz Mayagoitia, presidente de la Suprema Corte de Justicia que pintó su raya con la presidencia al cuestionar a la Procuraduría General de la República por no integrar bien los expedientes del narcotráfico y sin aportar los medios probatorios que den sustento a las averiguaciones y a la acusación. Igual que haya muchos detenidos pero pocas sentencias. Es bueno que el Poder Judicial Federal tome su rol de poder independiente y discrepe de las políticas presidenciales en este momento. Y cuando digo que es bueno pienso en la necesidad de que cada quien asuma sus papeles constitucionales y por consecuencia rinda cuentas de sus acciones o abstenciones. La transición, por lenta que sea, ha dejado un saldo positivo: ya la Corte no es un simple coro del presidente, cuando menos no en todos los casos.

Vale la pena también recuperar lo apuntado por Marcelo Ebrard, jefe de gobierno del Distrito Federal y aspirante presidencial hacia el 2012. Este político tocó un tema crucial: mientras no se tomen medidas enérgicas para desmontar el poder económico del crimen organizado, todo será en vano.

Calderón es un político enloquecido por el poder. Jamás entenderá que el mal de origen que lastra el combate a la delincuencia organizada y al narcotráfico se  debe a la falta de cohesión social y a la miseria en la que viven millones de mexicanos y que ambas características crecen exponencialmente al abrigo d e un modelo económico excluyente y un Estado que claudicó en sus compromisos de responsabilidad hacia los pobres.

Unas simples preguntas subrayan la magnitud del problema. Calderón como defensor del estado de derecho, debe saber que  lo hizo trizas con su usurpación. Cuando él dijo gané la presidencia “haiga sido como haiga sido”, abrió la puerta a todos los transgresores de la ley. Estos dijeron, si el presidente puede, por qué no podemos los delincuentes. Y así estaremos hasta que no haya un viraje histórico para sacar a México de esta crisis. Por que ni crea que los diálogos lograrán el propósito.

Nombre del Texto Original: Diálogo por la seguridad: Más cosméticos.

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