Por Mario Héctor Silva./

VALENCIA, FUERA DEL PRI./

Víctor Valencia de los Santos, el hábil y virtuoso político que se hizo a la sombra, y creció durante el gobierno del entonces gobernador de Chihuahua y ahora senador de la República, Fernando Baeza Meléndez, cuando entonces su padrino lo hizo candidato a diputado local por el XVI Distrito Electoral local, tiene cerradas las puertas –literalmente-, con llaves, en el Comité Directivo Estatal del PRI.

Existe una muy sencilla razón: el inquilino de la avenida Pacheco de la capital, es el mismo cenecista al que Víctor bloqueó políticamente durante doce largos años, en los sexenios de Patricio Martínez García, primero y posteriormente de su sucesor, José Reyes Baeza Terrazas.

Los que recuerdan los agravios –diversos y de distintos orígenes-, que mantuvieron a Leonel De la Rosa en el banquillo de la política chihuahuense, saben que Valencia difícilmente podrá retornar –al menos por la puerta de Chihuahua – a la política local, aunque el ex secretario de seguridad pública se empeñe en hacer creer a los suyos, que tiene todo, para regresar –así como si nada- a la grilla tricolor, en la antesala del proyecto nacional de 2012,  en el que estarán en juego, la Presidencia de la Republica, las senadurías y las diputaciones federales.

Los detractores de Valencia y a los que en el camino, ha dejado, aseguran Víctor es un cadáver político que no tiene viabilidad de sobrevivencia en el entramado de la política, no solo por los muchos agravios en perjuicio de algunos, sino por la desmedida ambición económica del notable de la política, que prefirió echar a la basura una brillante carrera a cambio de un fantástico crecimiento económico, que estos menesteres no muchos logran.

Hoy a 22 años de distancia de aquellos inicios, que le permitieron a Valencia poner un pie en el estribo de la política, bajo la sombra y apoyo de algunas figuras con mayor experiencia en esos oficios, como Andrés Carbajal Casas –a quien ofendió al grado extremo-, de intentar trastocar los valores y la honestidad de uno de sus hijos; o del ya fallecido Jesús Macías Delgado –otro de los hombres que lo apoyaron- en el inicio de aquellos tiempos-, a quien –literalmente-, aplasto en aquella álgida reunión de ‘acuerdos’ de 2007, donde le informaron que él (Valencia) no era el ungido a la candidatura, ni el hombre del gobernador, convirtió a Víctor en un monstruo de la política.

Tan así, que en un arranque de ira, Valencia decidió jugársela contra el sistema político que apoyó al ex alcalde José Reyes Ferriz, con quien perdió en las internas de aquel aciago año, que para muchos fue el mismo año en el que Valencia acabó con sus sueños de convertirse en alcalde.

Por supuesto que muchos otros hombres en el escenario político, como Jaime Bermúdez; Manuel Quevedo Reyes y aun, algunos distinguidos miembros de la familia Fuentes –que una vez depositaron su confianza y sus dineros en ese hombre-, fueron traicionados por la ambición y el desmedido uso de poder de un hombre que alguna vez, tuvo todo para triunfar en el difícil mundo de la grilla.

EL ANGEL CAIDO.

El amigo y experimentado periodista, Aurelio Páez Chavira, que tuvo la fortuna de pocos, de transitar entre notables y audaces políticos, desde los tiempos de Mario Jaquez en la alcaldía juarense, hasta hombres como el ex gobernador del estado, Manuel Bernardo Aguirre, dijo una vez que los periodistas son los únicos hacedores de políticos.

Una vez que lo entrevistaba, ya retirado el periodista de los menesteres de la política y del periodismo, me preguntó: ¿Usted conoce a políticos que hayan hecho periodistas?.

– No, respondí titubeante. Estaba un poco desconcertado, pues no sabía a dónde iba con esa pregunta, y luego dijo:

– “Los periodistas son hacedores de políticos, pero no hay un solo político que haya hecho un periodista”…luego el viejo sonrío.

Y quizás porque en esa premisa haya mucho de cierto, o mantenga su vigencia, Víctor Valencia juega ahora con la honorabilidad, integridad y prestigio de dos comunicadores fronterizos: uno de ellos, Armando Cabada y el otro, Oscar Cantú, quienes tras la tempestad, todavía le ven futuro al virtuoso político, que una vez dejo la política para convertirse por azares del destino y a petición de su amigo José Reyes Baeza, en un mal policía del estado de Chihuahua.

Ese fue el clavo final sobre el ataúd. Valencia de los Santos, testaferro de los oficios políticos –como aquella comisión de la Cámara de Diputados para la investigación del ex presidente, Vicente Fox Quesada-, de donde Víctor tuvo que ser sacado por piernas ante el sonoro fracaso para montarlo en la representación del gobierno del Estado en Juárez, y después llamarlo a la policía, son de esas decisiones que solo un hombre puede tomar a cambio de la dignidad.

Hoy Valencia –el mismo que atesoró como muchos los sueños del poder-, es el mismo que se recuerda en todo México, como el político que hace poco más un año, justo el día en que fueron asesinados los 15 jóvenes de Villas de Salvarcar, decidió abandonarlos a su suerte, porque ya estaba tomada la decisión: había renunciado para buscar sus posibilidades en el proyecto político de 2010. Y Víctor volvió a fracasar…es el ángel caído del paraíso de la política.

Comentarios: elpolitikon@gmail.com

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