Por Ciro RIVERA.

El artero crimen del adolecente juarense Sergio Adrián Hernández Güereca, a manos de un elemento de la migración norteamericana  perpetrado del lado mexicano,  en el llamado puente negro, demostrara una vez mas que los chihuahuenses luchan solos  en contra de todos y cada uno de los flagelos, ante la indiferencia de un presidente como Lipe Calderón, que le importa mas un juego de futbol que los abusos que sufren sus connacionales.

Mientras celebraba en el extranjero el encuentro entre las selecciones de México y Sudáfrica, el presidente Calderón, hizo una declaración carente de fuerza, advertencia y justa razón,  que garantice  una equidad en la aplicación de la ley en contra del presunto responsable del  artero homicidio, quien hasta la fecha en aras de un proteccionismo no han dado a conocer su identidad.

Fue necesario que el Congreso de Chihuahua exigiera la extradición del oficial norteamericano que accionó su arma para dar muerte al adolecente mexicano para que  Gustavo Madero, chihuahuense y coordinador de la bancada panista en el senado se pronunciara por que sea atendida la petición de que el extranjero sea traído a suelo  nacional y juzgado conforme a nuestras leyes.

El acto xenofóbico no debe quedar impune como lo pretenden llevar a cabo las autoridades del vecino país, quienes aun no velaban al adolecente y ya lo señalaban como uno de los mas buscados en El Paso, Texas, acusándolo de ser pasador de mojados y otros delitos, que para ellos justifica  el crimen perpetrado en la persona de Sergio Adrián.

Rápida, exhaustiva y transparente, aunque los elementos en que se dio este homicidio  el pasado lunes 9 de Mayo, no dejan lugar a la conclusión de la investigación de que fue un artero crimen y el exceso de fuerza letal utilizado por el oficial migratorio, no lo avala el hecho de que le lanzaran piedras.

Para congraciarse con los mexicanos  Calderón Hinojosa, debe garantizar que los presuntos responsables de los  crímenes xenofóbicos perpetrados en contra del adolecente juarense y de Anastasio Hernández,  en la garita de San Ysidro allá por Tijuana-San Diego, sean juzgados en  suelo nacional para que al menos  recupere la fe de sus gobernados y obtenga de nuevo su nombre de Felipe o por el resto de sus día le seguiremos llamando solo Lipe.

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