En  la Opinión de CIRO./

La existencia de una real  política de  Estado en materia de seguridad pública solo se dará en México cuando se entienda que es necesario contar con verdaderos estadistas y no con gobernantes de sexenio, a lo cual se deben acompañar tácticas que hoy se encuentran ausentes, consecuencia de la vulnerable y volátil legitimidad del proceso  de transición del 2006 que cambiaron el pacto social en que se basaba el Estado, generando la erosión paulatina de la seguridad nacional.

Es necesario abandonar lo que consideran la lógica de la guerra por la lógica del estado de derecho,  olvidando las campañas mediáticas cuyo engaño de nada sirve para frenar la ola de violencia que castiga a la sociedad y amenaza a las instituciones, lo que hasta ahora reconoce el gobierno,  buscando  con ello el apoyo de todos los actores políticos mexicanos e incluso de algunos extranjeros.

Las acciones actuales de estrategia de seguridad pública federales  en contra de los cárteles de la droga son represivas pero no preventivas del narco y la drogadicción, generando la cadena de acciones de investigación, persecución, arresto, enjuiciamiento y cárcel, las cuales se cumplen a medias por la ineficiencia, corrupción e impunidad policiaca, judicial y carcelaria.

Sobreestimamos los elementos materiales sobre los morales y en esta guerra solo se razona sobre los aspectos  técnico- bélicos de ahí la necesidad de estadistas y no gobernantes sexenales que tracen políticas permanentes de prevención del delito estimulando la participación social y sobre todo con mayor  énfasis  a la rehabilitación de adictos y prevención de las adicciones.

Generar empleos  combatiendo la pobreza de los mexicanos y no hacer la guerra que alimenta la propia guerra ya que esta solo fortalece a las organizaciones criminales y debilita al Estado, que  requiere de una verdadera acción de investigación ya que caso contrario solo se sigue alimentando la violencia.

La criminalidad se combate con verdaderas políticas sociales y la generación de empleos ya que las oportunidades captan a los marginados y excluidos de la propia sociedad,  los que ahora, debido a ello, son las presas fáciles de la criminalidad, lo que seria una respuesta de derecho y no de emergencia.

Acabar con la demagogia judicial y el populismo penal que al igual que el político son una amenaza para la democracia lo que es grave e intolerable de ahí la necesidad del cambio para crear una verdadera política de seguridad, un total respeto a los derechos humanos y el cumplimiento verdadero de los objetivos que se pretenden.

Las estrategias partidistas entre la clase política y empresarial  de ninguna forma son de seguridad, alientan la inseguridad y generan la descomposición entre los sectores, acciones que nos están llevando a la descomposición social insalvable ante la ausencia absoluta de leyes porque predomina lo político.

“La fantasía siempre será un hecho positivo,  lo que a menudo resulta un fraude es la realidad¨ frase que escribió Gilbert Keith y que ahora podemos aplicarle al gobierno federal encabezado por Calderón, que navega entre su fantasía de acabar con los cárteles de la droga  y solo tenemos una realidad de más de 27 mil  cadáveres,  cuya estadística se multiplica por todo el país.
Tal parece que es necesario cumplir la advertencia de “Todos al piso”.

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