CiroPor CIRO./10 de Noviembre./

Ningún partido político en México se salvara en lo futuro de pagar las facturas sociales que en este país ha dejado la barbarie de Ayotzinapa. Pese a que los azules se encuentran como los chinitos solo “milando”; todos tendrán que pagar en su momento la cuenta, ninguno será exculpado.

Todos tendrán que rendir en su momento la cuenta a los mexicanos y ninguno podrá disfrutar de la desgracia de los otros por que todos son parte del sistema que ha quedado evidenciados por la ineficiencia del mismo, la corrupción de la cual forman parte, como de igual forma de la ineficiencia e inestabilidad de las instituciones.

La masacre de Iguala justifica la protesta de los ciudadanos inconformes pero de ninguna manera las acciones de los anarquistas infiltrados que solo pretenden prender el infierno en que podríamos caer y ser sometidos a la violencia por la cual ahora se manifiesta el pueblo mexicano a lo largo y ancho del país.

El anonimato en la protesta no tiene un origen puro ya que representa la provocación y no la indignación de un pueblo ávido de justicia social ya que la lucha social solo generaría la represión en contra de quienes realmente mantienen la pureza del reclamo por la barbarie cometida en perjuicio de los 43 estudiantes.

El nacimiento de la conciencia ciudadana en su despertar por el reclamo a la justicia social no pude verse mancillado por que dejaría de ser puro en contra del acto de barbarie cometido en el estado de Guerrero y la participación del anarquismo los volvería impuro.

Un movimiento de esta índole debe mostrar la máxima civilidad y la madurez, el fuego jamás se combate con fuego, mucho menos por actores carentes de la conciencia de lo que significa el reclamo popular por que anteponen obscuros interés a los cuales se encuentran sirviendo.

¿Quién estimula a estos porros? Solo aquel o aquellos que tienen el interés de la distorsión de un movimiento social con pureza, solo los que pretenden inhibir y distorsionar los reclamos populares haciéndolos violentos para que los mexicanos dejen de participar en ellos.

El reclamo de los mexicanos, no solo de los guerrerenses de Ayotzinapa, no debe caer en las manos de los radicales violentos cuyo riesgo ya inicia a vislumbrar las participaciones de mezquinos intereses alejados de la verdad y de la indignación a través de una autentica participación solidaria en busca de la verdad y la justicia.

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