Por Mario Héctor Silva/

CIUDAD JUAREZ.– Luz María Dávila, quien perdió el pasado
31 de enero a sus dos únicos hijos en la masacre de Villas de Salvárcar,
en Ciudad Juárez, tenía la esperanza de que en este punto del país
—apartada del Distrito Federal, que la vio c re ce r —, las cosas relacionadas con la violencia iban a cambiar.

Hace 23 años, Luz María llegó aquí: “Me gustó Juárez porque era más tranquilo que el DF”, y de manera súbita, la noche del fatídico sábado todo cambió. En un “abrir y cerrar de ojos”perdió a sus
hijos: Marcos y José Luis Piña Dávila, de 19 y 16 años que tenían —como muchos de su edad— un promisorio futuro.

La mujer que el jueves 11 de febrero decidió romper la valla para reclamarles al presidente Felipe Calderón y a su esposa Margarita, a quienes dijo que no podía darles la bienvenida, ni saludarles de mano, anida en su corazón la sed de justicia. No habrá festejos por este día…

Pero tiene la esperanza de que un buen día, las autoridades agarren a los verdaderos culpables, dice en entrevista.

Luz María se ha quedado sola. Su modesta vivienda del número 1211 de Villas
del Portal, retrata a la perfección el estado de soledad. Y a no ser porque las
abundantes plantas que prácticamente copan el diminuto espacio de la cochera, cualquiera diría que la casa está abandonada,
aunque no lo parezca.

Su físico, su semblante y las pocas ganas de hablar, proyectan el dolor que aún siente por la pérdida de sus dos hijos. “Todo bien…Es muy duro todavía”, dice la mujer. Son las 21:35 horas y en la casa se respira un aire de desolación.

Cuenta que el 10 de mayo de 2009, sus hijos y sus amigos les llevaron serenata a todas las madres de Villas de Salvárcar,
así como a otras mamás de la escuela. Les reglaron unas rosas. Marcos y José
Luis salían poco antes de las 12 de la noche y llegaban a las 5 de la mañana luego de haber cumplido con las tradicionales m a ñ a n i ta s … Pero hoy todo es diferente.

“…Los sigo extrañando, es lógico”, dice la afligida madre, quien relata que todos estos días han sido muy pesados, y se cumplen los primeros 100 días de la tragedia, desde que un grupo de criminales tomaron por asalto el fraccionamiento para matar a un grupo de 15 jóvenes, todos estudiantes y deportistas, quienes estaban en una fiesta de cumpleaños.

El pasado 29 de abril, José Luis, quien estudiaba en el Colegio de Bachilleres,
habría cumplido 17 años, dice Luz María, a quien se le empiezan a humedecer los ojos tras el recuerdo de sus hijos. “Ese día fue muy difícil, no fui a trabajar
y les llevé flores al panteón”, dice.

La mujer, quien labora en una empresa maquiladora y cuenta con el apoyo de sus amistades, familiares y las madres de los otros jóvenes asesinados, sufre aún los efectos de aquella tragedia. El trabajo ha sido una terapia. Acepta que las cosas aún no están bien en su ánimo, pero “no
me dejan que me quede en la casa”.

La soledad y la crisis nerviosa se han convertido en sus enemigos, a pesar de que recibe apoyo psicológico y tratamientos de algunos profesionistas de la Procuraduría de Justicia de Chihuahua: “Trata uno de controlarse…”

Cadena de protestas.

Dice que jamás pensó estar frente al presidente Calderón, a quien le hizo un fuerte reclamo por la pérdida de sus hijos, pero
sirvió para que otros ciudadanos ahora protesten más abiertamente. “Tras ese momento siento que ahora mucha gente se anima a protestar por que se haga justicia y ahora la gente ha salido”.

Hoy es el Día de las Madres y no hay nada qué celebrar. Los hijos no están presentes, pero en su corazón anida una sed de justicia y la “esperanza de que agarren a los verdaderos culpables”… apenas dice, para levantarse del sillón y buscar un pañuelo para limpiarse las lágrimas.

Luz María seguramente lo olvidaba. De un rincón de la sala donde se llevaba
a cabo la entrevista tomó una bolsa y sacó las primeras camisetas impresas con la imagen de sus hijos, que regalará este
día a sus hermanas. “Las mandé a hacer y las voy a regalar a las tías de ellos”, dice.

No hay más que hablar. A la salida, Villas del Portal luce a oscuras
y a escasos metros de la vivienda de Luz María, permanecen dos unidades
de la Cipol —de la policía estatal—, en la tienda de abarrotes Alba. A esa hora, justo en el escáner del fotógrafo se escucha que hay otro muerto y está muy cerca de allí. Es en las calles de Palacio de Mitla y General Motors de Torres
del Sur… la violencia continúa…

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