ednalorenafuertePor Edna Lorena Fuerte.

Comienza el año de nuestro Bicentenario, es un momento de grandes festejos, de remembranzas y recuentos, de mirar a la historia con ojo crítico y retomar las lecciones de ese pasado que subyace en la memoria colectiva de nuestro pueblo.

Pero también es un punto que nos muestra lo lejos que estamos de los grandes momentos nacionales, qué tan lejano es de nosotros ese momento de grandes héroes, en ocasiones la exaltación de la historia diluye la memoria de lo inmediato, nos hace sentir mínimos frente a la grandeza de esos hombre de la Independencia y la Revolución que hace cien y doscientos años levantaron los pilares de esta Nación.

Este año del Bicentenario puede ser el momento de hacernos equiparables a esos grandes héroes, de devolvernos el ímpetu fundante con que esos hombres y mujeres de hace tanto tiempo se unieron a las luchas de una nación independiente, republicana, federalista y, ahora, en construcción democrática. Esos valores, los grandes ideales que condujeron las más importantes luchas nacionales, a pesar del paso del tiempo, no han perdido vigencia.

Festejar la historia no debe ser condenarla al olvido, sitiarla por un pasado irrepetible, por el contrario, es darle la oportunidad de reinventarse, de renacer en la tierra fértil que son nuestras necesidades, nuestro país requiere aun mucho esfuerzo, muchos actos heroicos, los mayores esfuerzos, tal vez nos estén haciendo falta nuevos hidalgos, nuevos guerreros, nuevos villas y zapatas que atraviesen el territorio ahora con las banderas de la democracia, de la justicia, de la igualdad, del desarrollo pleno, de las oportunidades abiertas.

El festejo del Bicentenario no es con la mirada a un pasado que se aleja, sino a un presente y un futuro que están aquí, en nuestras manos, cada vez más cerca.

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