Por Jaime GARCÍA CHÁVEZ./

Ver, valorar, diagnosticar a un país desde afuera, aparte de dar perspectiva, conduce por lo general a establecer verdades solo en apariencia ocultas. Se trata de la trillada metáfora del árbol que impide ver al bosque.

La semana  concluyó, cuando menos, con dos estupendas —por certeras—miradas que nos desvelan el México que tenemos en materia de corrupción y agudización de la pobreza. La primera se nos presenta bajo el celofán de Transparencia Internacional: el índice de percepción de la corrupción  es mayor en México, lo que significa que la trasparencia —la federal y local— no ha generado los frutos a que se le asocia y es así porque los mecanismos de rendición de cuentas, de fiscalización, de auditoría pública continúan o paralizados,  o trabajando a medio vapor, o sesgados para utilizarse discrecionalmente como máscara  e instrumento político de ataque a los que no comulgan con los equipos gobernantes.

La corrupción no se abate, crece como una monstruosa plaga y carcome al Estado, a la sociedad y, a final de cuentas, desfoga recursos que  paran en manos de los  oligarcas o los poderosos y demerita los beneficios de quienes están debajo en la escala social y cada vez más se empobrecen o simplemente, padecen la precarización de sus condiciones en   rubros tan importantes como educación, salud, seguridad, atención a los jóvenes, vale decir los condenados a muerte por el neoliberalismo.

La pobreza, ese otro cáncer que nos corroe se ha incrementado en este gobierno panista de Calderón. Diga lo que diga él o su equipo, la mirada externa de la Cepal tiene mejores ojos, entre otras razones por su compromiso con la verdad y los instrumentos científicos de la economía.

Así es. Para la Cepal la pobreza no se redujo, lo  contrario es cierto: creció, se incrementó. De 2006 a 2008 la pobreza pasó de 31.7 a 34.8 al igual que la indigencia que del 8.7 se fue al 11.2 de la población que somos en México: 112 millones de seres humanos que también en cantidad de millones —no quiero abrumarlo con cifras— no tienen nada para comer en este  instante.

La voz cepalina no se detiene ahí. Sugiere  un cambio de rumbo, acotando algo importantísimo: es indispensable desligar  a la juventud del narcotráfico. Si no lo hacemos, más temprano que tarde,  llegará a la barbarie.

Solo un  nuevo gobierno responsable creará instituciones educativas, sanitarias, de salud, cultura y deporte para brindar a los jóvenes alternativas opuestas y distintas a las que ofrecen los neoliberales para los cuales el asunto es de policía, a grado tal que pretenden reducir la edad penal a 14 años.

El maestro Rolando Cordera  ha llamado a no estar pasivos pensando que el mundo irá así necesariamente. Nos dice que eso es falso: podemos cambiar y, además, debemos hacerlo borrando de nuestro horizonte el neoliberalismo pródigo con unos cuantos plutócratas (Slim y compañía) y  devastador con toda la nación.

Y en medio de todo esto el oportunismo cínico del PRI: llama a los últimos 10 años de Fox y Calderón la década perdida. ¿Ya se les olvidó que el modelito lo trajo De la Madrid, lo consolida Salinas y lo retocó Zedillo? No lo olvidemos.

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