Por Sergio Armendáriz/ 6 de Septiembre/.

Sin duda conveniente para el análisis político, resulta el hacer observación respecto a la presencia en Ciudad Juárez de los personajes de Leoluca Orlando, ex alcalde histórico antimafia de Palermo, así como de Manuel Bartlett, sujeto también de trascendencia social nacional y política en México.

Pretendo destacar en esta entrega editorial, específicamente el uso de un discurso convocado por las Universidades Autónomas de Juárez y de Chihuahua, respectivamente, que tiene que ver con el reconocimiento efectivo de una realidad verbalmente eludida y hoy necesariamente aludida, como lo es el del análisis académico y social del “hecho mafioso”.

Un convenenciero pudor del régimen político ha evadido durante largo tiempo el cuestionamiento teórico, conceptual e incluso periodístico del fenómeno mafioso, seguramente porque tal planteamiento explícito forzosamente cuestiona estructuras institucionales y poderes ejercidos de manera patrimonialista, especialmente los vínculos de producción y reproducción de un poder que se ampara en la formalidad de lo legal para fortalecer a la ilegalidad.

Leoluca Orlando mencionó el pasado día jueves 2 de Septiembre, en el recinto de la Biblioteca Central de la UACJ cuyo nombre recuerda por siempre al parralense glorioso Carlos Montemayor, que “… no es posible un desarrollo normal con la ilegalidad como acompañante…” advirtiendo a la vez que el cambio de mentalidad también indispensable debe asentarse en la premisa de “…no tener que tranzar para avanzar…”

Durante décadas el vocabulario político mexicano evitó, al igual que en la Sicilia italiana, el manejo discursivo de la expresión “mafia” o “mafioso” o “mafiosidad”, quizá empuñando una intención de desconocer la existencia del fenómeno a partir de su no referencia verbal o lingüística.

Hoy, las cosas caen por un peso insoportable y la realidad demanda el pleno reconocimiento de su constitución de hecho y, sobre todo, el análisis del discurso como tal abre los caminos para una intervención social efectiva para la transformación de un deplorable estado de cosas, que únicamente ha recibido como receta una mezcla de militarismo sin rumbo estratégico combinado con una retórica populista que invierte recursos a través de la lente deformante propia de la voracidad electorera.

Manuel Bartlett, venerable hombre del sistema, emblema de un régimen político que ya vio pasar hace tiempo las delicias de una felicidad culposa perdida, también puso su granito de arena discursiva, en este caso el espacio institucional lo fue el Auditorio de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UACH, durante la apertura del ciclo de conferencias denominado “Diálogos en el Desierto”, el mismo día 2 de Septiembre ya referido.

En la postura propia el hombre que se sabe en el momento terminal de su largo y personalmente fecundo ciclo político público, Bartlett Díaz reconoció en una especie de acto de “mea culpa”, el hecho de haber operado en desconocimiento y desinformación de elementos de juicio para entender estructurales complicidades mafiosas del sistema al cual sirvió desde diversas y decisivas responsabilidades; gobernación, educación, conducción estatal, entre otras, ubican al personaje en eclipse vital y político de Bartlett como uno de los integrantes clave en el funcionamiento de un régimen que actualmente padece de un descontrol brutal de su capacidad para controlar la correlación de fuerzas de sus componentes mafiosos.

Recordaré en lo personal, lo que me pareció una frase genial del viejo político mexicano en su intervención última en Ciudad Juárez, al referirse con un dejo de melancolía a los años de gloria del priísmo dinosáurico como “…la época en que éramos felices y no nos dábamos cuenta…”, recreando en la memoria algo así como una especie de parque jurásico inocente y virginal, felizmente impune.

Los dos personajes, el italiano y el mexicano, coincidieron, más allá de la legitimidad conceptual del discurso sobre lo mafioso, en un hecho significativo y provocador.

De manera diplomáticamente cortés, característica de su largo viaje por la “Política” con mayúscula, coincidieron en señalar que hace falta en Juárez una movilización social ciertamente masiva, pero en conjunto más inteligente y profunda para enfrentar con éxito a la pandemia mafiosa.

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