BachilleresEl último tramo por recorrer no pudo ser más dramático para las familias que, por última vez, estuvieron cerca de los cuerpos de sus hijos antes de darles la despedida final. El adiós.

El día lluvioso y frío hizo más difícil sobrellevar el peso de la carga emocional de los dolientes. De las carrozas bajaron uno a uno los cinco ataúdes, en medio de una multitud que se arremolinaba para tocarlos en la puerta principal de la iglesia Jesucristo Sed de Justicia, en Torres del Sur, a unos cuantos kilómetros de Villas de Salvárcar. Dos más llegaron después.

El vicario general de la diócesis de Juárez, René Blanco, invitó a los presentes a unirse en oración por la paz de la ciudad y de las familias que sufren por la pérdida de sus hijos, “de manera tan cruel, tan injusta…”

En ese preciso instante, dos palomas, una blanca y una negra, se posaron en medio de la homilía sobre la enorme cruz de madera de cerca de seis metros empotrada en la pared del altar.

“Los responsables podrán escapar de los tribunales humanos, pero no escaparan del juicio de Dios; el Señor hace justicia siempre”.

Ni la lluvia pudo confundir las lágrimas de las madres, hermanos, amigos y familiares, que rodearon, queriendo abrazar —como para impedir que se fueran—, los ataúdes de color gris, plata y azul marino que fueron colocados frente al altar, junto a un cirio que yacía sobre el piso.

Alguien colocó globos blancos y los estudiantes de la secundaria técnica 80 formaron una larga valla, paralela al pasillo central.

Dos jóvenes abrazaban y casi se recostaban sobre el ataúd de José Luis Aguilar Camargo, que en 2004 fue al campeonato nacional de béisbol. Luego rompieron en llanto, abrazaron a la madre, quien estuvo firme y erguida.

Sobre los otros ataúdes se depositaron flores y mensajes en papel y cartulina de llamativos colores: azul, rosa y amarillo, cuyos textos eran ya ilegibles, debido a la lluvia. Los amigos y los familiares acariciaban todo el tiempo el frío metal de los féretros.

A las 14:19 horas inició la misa de cuerpo presente de Jesús Armando Segovia, de 15 años; de José Adrián Encinas, de 17; José Luis Aguilar Camargo, de 19, y los hermanos José Luis y Marco Piña Dávila, de 16 y 19 años.

La homilía estuvo a cargo del sacerdote Hesiquio Trevizo, quien remarcó que “estas muertes son producto del odio entre los hombres”.

Al terminar el servicio religioso, los cuerpos de los estudiantes fueron depositados en las fosas del panteón San Rafael, en medio de una muchedumbre dolorosa. Los restos de los jugadores del equipo de fútbol americano Jaguares del CBTIS 128: el corredor Juan Carlos Medrano y el tackle Rodrigo Cadena fueron despedidos y homenajeados, por cientos de compañeros.

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