Por CIRO./3 de Noviembre./

CiroAntes que nada quiero pedirles perdón. Considero que es demasiado tarde, pero debo hacerlo, ya que nada he hecho para reclamarles justicia por que acepto que sus sueños se han visto truncados y la gran mayoría de las veces por aquellos en quienes depositamos la confianza para que pudieran tenerlos y no les cumplieron.

Acepto mi responsabilidad ciudadana, debido a que poco o nada me había importado hasta ahora el rumbo que a tomado México, ni siquiera un comentario o queja sobre la realidad que vivimos, aceptando como verdad todo lo que dicen y hacen los actores políticos.

Creí ciegamente en quienes integran el clan de los negocios a quienes nunca les ha importado el ciudadano, ya que gracia a la impunidad y ser intocables, se encuentran del otro lado, en donde se goza el poder político y económico. Son unos cuantos los que sin distinción de colores se han aprovechado.

Hasta hoy me he dado cuenta que creía en las promesas eternas de los políticos, las que no han llegado a cristalizarse ni se cumplirán, debido a que mantuve una posición de conformismo y en ella mi entendimiento, hasta ahora, de que soy fácil de que me compren para tirar por la borda mi sufragio.

Ustedes los desaparecidos han sido las victimas de un sistema disfuncional que paulatinamente ha empezado a devorar a sus vástagos. Por ciudadanos como yo se han aprovechado de quienes por reclamar sus derechos los consideran vándalos, por eso hoy mi actitud me da vergüenza.

Para ustedes no habrá, al menos en mi, olvido, como tampoco perdón para quienes atentaron en su contra. Pero si espero su perdón por haber sido indiferente a ello y espero que su sacrificio nos lleve al camino de la recuperación de un mejor porvenir para los jóvenes mexicanos.

Como doliente, aunque tardío, debo de dejar de ser indolente, analizar y reflexionar cual es la parte que me corresponde para consolidar una autentica seguridad y lograr construir la prosperidad que elimine estas tragedias y garantice la plena convivencia y desarrollo de nuestras juventudes.

Cotidianamente se incrementa la lista de los fallecidos que reduce la esperanza de encontrar a los vivos, no podemos justificar el sentimiento de dolor e indignación cuando nada hacemos por evitar que la violencia alcance los extremos, consecuencia por que en su tiempo no supimos nosotros mismos exigir el futuro de la educación, al trabajo y a la vida digna en un país que debería ejercer con autonomía el ser libre y soberano.

Muchos como yo, dejamos pasar el tiempo y de un Estado de derecho ahora sufrimos las consecuencias de un Estado de deshecho, a causa de la indiferencia mostrada para garantizar a las juventudes futuras la vida digna.

Por todas mis omisiones, aunque no lo merezco, espero su perdón.

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