Por Guillermo TERRAZAS VILLANUEVA./

Los pitonisos de la política apuestan doble contra sencillo en el sentido de que los próximos dirigentes nacionales del PAN y del PRI habrán de ser dos norteños: Gustavo Madero de Chihuahua por el albiazul y el coahuilense Humberto Moreira por el tricolor.

Madero debe salir airoso en Acción Nacional, mientras que Moreira no parece tener mayores problemas para sustituir a la tlaxcalteca Beatriz Paredes Rangel.

Al Senador chihuahuense lo apadrina el inquilino de Los Pinos quien acaba de atizar un golpe al avispero luego de pronunciar un discurso “incendiario” en el Auditorio Nacional en ocasión de haber llegado a cuatro años como Primer Mandatario de la Nación.

Por su parte el Gobernador de Coahuila no parece tener “moros en la costa” y su camino a la oficina de Insurgentes y Héroes Ferrocarrileros en la ciudad de México, sede del Ejecutivo Nacional del PRI, está muy bien pavimentado.

En Acción Nacional no andan las cosas del todo bien. Atraviesa quizá por el más grave cisma interno de su historia. Los grupos políticos incrustados en sus filas han evidenciado -con hechos- que sus divergencias se antojan irreconciliables.

En el PAN se ha entronizado la intolerancia. La expulsión de Manuel Espino lo dice todo. Lo echan del partido por criticar acremente el desempeño político del Presidente Calderón y su más que evidente intromisión en la vida interna de ese partido.

En el caso del Senador por Chihuahua Gustavo Madero, habrá de ser la tercer ocasión en que el Presidente Calderón intenta colocar al frente de su partido a una persona con temple, carácter, experiencia y lealtad a sus intereses político partidistas, luego de los estrepitosos fracasos de sus dos primeros “delfines”: Germán Martínez y César Nava.

El primero de ellos, Germán Martínez murió políticamente como los peces; por la boca. Nunca evidenció conexión alguna entre lengua y cerebro. Por su parte César Nava atizó la lumbre y comenzó a cavar su propia tumba política al anunciar un amasiato electoral con el principal partido de izquierda en el país, el PRD, el mismo que no ha bajado de “espurio” al titular del Ejecutivo Federal.

Algunos -en ambos partidos- simpatizaron con la idea de cristalizar ese engendro político e incluso llegaron a tener victorias pírricas en algunos estados como ocurrió en Puebla, Sinaloa y Oaxaca, pero esa connivencia entre el agua y el aceite dentro del escenario político nacional va a terminar más temprano que tarde.

Sin embargo esa absurda tesis política generó una profunda división al interior del PAN y el PRD. Personajes destacados en ambos partidos han expresado una y mil veces su rechazo y las consecuencias no se han hecho esperar.

López Obrador por un lado y Manuel Espino por el otro se han pronunciado en ese sentido y la consecuencia directa e inmediata fue la tremenda división que ahora se aprecia en sus filas.

Si bien es cierto que el entrante 2011 será un año de relativamente poca actividad electoral en el entorno nacional, excepción de los comicios en el Estado de México, la mayor parte de la actividad política en los próximos doce meses se concentrará en la estructuración de los mandos nacionales, estatales y municipales de los principales partidos políticos.

Ello les permitirá aceitar sus respectivas maquinarias para dar la batalla en las elecciones federales del 2012, pero si por las vísperas sacamos los días, se antoja muy remoto que el PAN refrende su hegemonía electoral ni que el PRD alcance a cicatrizar las profundas heridas internas que le aquejan por ahora.

Salvo que el PRI enfrentara un descalabro en el Estado de México en la próxima contienda y llegara a sufrir resquebrajaduras similares a las que viven sus contra partes, vería limitadas sus por ahora muy amplias posibilidades de regresar a Los Pinos y al Palacio Nacional.

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