Por Mario Héctor Silva./

Claroscuros en el PAN./

Al margen de la legalidad que se discute entre algunos de los distinguidos cuadros del Partido Acción Nacional, en torno a la reciente expulsión del ex dirigente Manuel Espino Barrientos, la decisión emitida por el actual presidente del CEN del PAN, Cesar Nava produjo una “callada” inconformidad y la reprobación política al Presidente de México, Felipe Calderón Hinojosa.

El argumento de que la expulsión fue una decisión “autónoma” de la Comisión de Orden de Sonora, es infantil y estúpida.

Espino Barrientos, aquél hombre que se fortaleció en la década de los años ochenta, cuando entonces ocupaba la jefatura de Control de Vehículos en la Policía Municipal en esta ciudad fronteriza, y que se encumbró hasta convertirse en Jefe de Giras Presidenciales, Diputado Federal y Presidente del PAN en el gobierno de Vicente Fox, actuó como un autentico provocador del sistema;

Y logró –merced de la falta de oficio del líder nacional de ese partido político-, su cometido. Al final de cuentas, Espino ha logrado convertirse en víctima del Presidente Calderón, y Nava ha quedado exhibido como muñeco de ventrílocuo.

Todo sucede pues en el inicio de la recta final del gobierno de Calderón, cuya dirigencia ha sido incapaz, no solo en el manejo e interlocución con otras fuerzas políticas, sino que ha perdido forma y fuerza al interior de su propio partido político, confirmando una vez más las formas autoritarias y fascistas de un gobierno que sigue perdiendo cada día la credibilidad.

Ha resumidas cuentas, la expulsión, es solamente producto de una autentica vendetta política contra un hombre que en el proceso de autocritica, midió distancia y fuerzas, frente a un Presidente de la República debilitado y cuestionado dentro y fuera de México.

Manuel Espino Barrientos, que ya dejo al descubierto su aspiración a encabezar un proyecto político personal rumbo al 2012, podría capitalizar a un importante grupo de panistas, lo que pondrá en jaque mate las posibilidades reales que tiene este partido de contender solos o en alianza, en la sucesión presidencial.

La expulsión de Espino del PAN es categórica y la defensa de Nava en torno a esa decisión, se ha convertido desde hace unas horas, en una defensa a ultranza.
El proyecto político de Galindo.

En ese contexto político, hoy el senador Ramón Galindo Noriega, que igualmente hace unos años, fue puesto en la palestra por los correligionarios de su propio partido, al punto mismo de la expulsión, -cuando entonces perdió la posibilidad de convertirse en candidato a senador-, resurge hoy como el ave Fénix.

Ramón Galindo echará esta tarde la casa por la ventana, cuando en suntuoso salón Cibeles, emita un informe de sus actividades legislativas en Xicoténcatl. Dara –no la señal de alerta de Manuel Espino-, sino la señal del inicio de una campaña política que podría recoger sus frutos a inicios de 2013, unas semanas después de que haya dejado la curul de senador.

Desde hace algunos meses, Galindo tiene claro su nuevo objetivo político en Chihuahua: convertirse en el primer candidato de su partido a la Presidencia Municipal en lograr gobernar Ciudad Juárez, copiando –para ese fin- el mismo trayecto que ha trazado y logrado, el actual alcalde emanado del PRI, Héctor Murguía Lardizábal.

Futureando, los asesores de Ramón aseguran que de paso, en un hipotético triunfo en 2013, les quedaría, casi a tiro de piedra, el proyecto de gobierno de 2016.

Así las cosas, los dos panistas que han trascendido en el espectro político, y que se formaron y fortalecieron con las luchas democráticas de 1986, tienen caminos evidentemente encontrados, aunque gemelos en torno a la democracia;

Uno que va de salida y el otro de entrada y, ciertamente –si habláramos en el argot de la productividad- se diría que de continuidad y mejora.

La decisión de Nava, a solicitud expresa del Presidente Felipe Calderón, le mete ruidos innecesarios a un partido político que ha perdido competencia y liderazgo en el tablero político nacional. Y si no, habrá que esperar reacciones, la impugnación del caso, divisiones internas y una guerra intestina, que se endosara al gobierno de Felipe Calderón.

Comentarios: elpolitikon@gmail.com

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